A veces me gusta leer al revés los poemas de Ezra, empezando por el último verso. Descubro entonces que el alma es reversible: lo es la mente que entiende, lo es la fibra que transmite y también ese reducto imbatible de la conciencia que alberga lo que se siente.
***
erosión y límites perdidos.
La tierra decrepita y el limo mordido,
enterrándose en su propia mierda,
represores, usureros del espíritu, escarabajos negros
y los fanáticos: Calvino y San Clemente,
y ... H, el gran torturador,
los asesinos de patriotas,
y palma contra palma, los agentes provocadores,
todo al revés: van planta contra planta
y en el fangal debajo de ellas,
caras hundidas en jamones,
velas podridas, culos en poltrona,
Derritiéndose como cera sucia,
***
(Del falso Ezra Pound, fragmento del Cantar XIV leído al revés.)
A veces abrazo el aire que reverbera y siento que existe sólido y consistente entre mis brazos. A veces afino la voz y canto un tono más alto, y dos, y tres. Y siento que vibra el cristal tallado de una copa de vino antiguo que guardo en la garganta hasta el límite de su integridad, un punto más y se desharía en gotas de sangre vítrea.
A veces escucho conversaciones en el interior de la caracola, nada nuevo: todo el mundos sabe de las voces de la caracola. Pero a veces las escucho también en el interior del tarro de las lentejas: pequeñas, pardinas y charlatanas, se cuentan cosas. A veces huelo perfumes de jazmín en las rosas, fragancia de pan en la leche tibia, aroma de café en la arena de la playa, olas de mar en el armario de las escobas.
A veces todo se subvierte: lluevo hacia arriba, nazco hacia abajo y ya no sé dónde estoy ni sé qué pasa.
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