Inventarse un pasado, inventarse la vida, inventárselo todo. Eso hizo ayer Luzmila. Bajó lentamente la escalerilla del avión. Gafas oscuras y un echarpe largo; llevaba guantes y un ramo de flores en las manos. Escuchó aullidos de gozo y pudo oler el frenesí de sus devotos. Lanzó besos y agitó las manos. A las dos en punto oyó el llavín en la puerta de la casa. Luzmila recogió trapos y fregonas, se asomó a la habitación del bebé. Dormía. Cambió la bata rayada por el delantal blanco y corrió a servir la mesa. Al pie del avión el asfalto ardía.
0 comentarios:
Publicar un comentario